La química del amor:

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Hay razones del corazón que la razón nunca va a entender. Es una realidad. Puede que nunca en la vida nos pusiésemos a cantar una canción romántica con un gorro en forma de corazón en la cabeza con ojillos de gato de Srek mientras nuestra pareja llora emocionada y se une a tal momento épico, y sin embargo, si estás enamorado, puede que lo hagas. Pero ¿Es el amor algo medible, controlable, o localizable? Pues parece que sí.

Todo el que ha estado enamorado o enamorada sabe que se basa en la química. No sería entendible que alguien se enamorase de otra persona por que sí, sin conocerla y sin saber nada sobre su vida, y sin embargo se da el caso.

Y es que sólo hace falta eso, una simple mirada, una palabra, un gesto, para que  empiece una oleada de reacciones químicas que no se dan tan abajo como estás pensando, sino un poco más arriba, en el cerebro. Sólo es necesaria una condición, y es que estés abierto a dejar que esas reacciones se produzcan:

  • Te has cruzado por la calle con esa persona que de repente no te sacas de la cabeza, te ha mirado en la discoteca y ha sonreído, te ha rozado una mano al ir a pagar la coca cola que le acabas de comprar en la cola del super, o no has dejado de oler su colonia desde que te has cruzado con él/ella en el ascensor: Felicidades, tu cerebro te está bombardeando con feniletilamina, una potente anfetamina que hará que tu cuerpo se vuelva loco. Tartamudeos al hablar con la persona en cuestión, sudores y nerviosismo, en definitiva el mal rato de los primeros días por no querer fastidiarla, todo es por su causa.
  • No pasa nada, si la cosa va bien ambos tendréis un buen cóctel de hormonas en el cuerpo que os llevará a situaciones en las que pequeñas conquistas irán afianzando vuestra relación: cogerse de la mano, acariciarse, darse el primer beso, harán que vuestros cerebros os recompensen con grandes oleadas de dopamina, una sustancia que te garantiza un gran estado de ánimo, excitación, euforia, cambios de humor, y que experimentes una gran plenitud. Muchos las conocemos mejor como las “mariposas en el estómago”.
  • Es interesante saber que, durante toda esta sobredosis química, las áreas encargadas de realizar juicios sociales respecto a esa persona se desactivan por completo. “Cegado de amor” o “El amor es ciego” es tan real en esta etapa que mucha gente no podrá entender que tú no ves lo mismo que ellos.
  • También es importante reconocer que a los chicos nos entra el amor por la vista, somos más básicos y nos centramos más en los detalles femeninos, mientras que ellas, aunque también tienen en cuenta el físico, se fijan mucho en las promesas y proyectos que cumplimos. Esto, aunque parezca extraño, es muy lógico a nivel evolutivo, ya que todo el proceso del amor es un sistema biológico para encontrar un compañero con el que reproducirse y asegurarse del futuro padre de sus hijos. Parece bastante lógico ¿no?. De ahí fluyen muchas conductas sociales como contarse entre ellas todo lo que hacen o se dicen con su chico: utilizan la memoria colectiva del grupo para asegurarse de que tendrán un buen futuro con él.
  • Pero volvamos a lo anterior: estamos hasta arriba de dopamina y nuestro cuerpo se encuentra estupendo, mejor que nunca y todo gracias a la otra persona, así que llega el siguiente paso, el sexo. El cuerpo no puede mantener ese nivel de hormonas continuamente  así que va dejando paso poco a poco a la oxitocina, la hormona de los lazos afectivos. Una vez pasadas las primeras emociones la oxitocina se encarga de forjar el vínculo entre las dos personas, convirtiendo la relación en algo más estable y más relajado, sin esos picos de euforia y depresión por no verse que había en un principio. La oxitocina es tremendamente efectiva, tanto que no sólo se produce tras un orgasmo, sino que es la encargada de forjar la unión de la madre y su bebé en el nacimiento.
  • Junto a la oxitocina, las anteriores hormonas dejan paso a las endorfinas, unos compuestos químicos naturales muy parecidos a la morfina y otros opiáceos, que son las encargadas de conferir la sensación de seguridad común y la búsqueda de estabilidad de una nueva etapa, de manera que se deja atrás lo que es el enamoramiento en sí y aparece el apego, lo que muchos llaman el verdadero amor. Las endorfinas son las drogas naturales de nuestro cerebro que nos mantienen unidos a nuestra pareja, y es su falta la que nos duele tanto cuando perdemos a ese ser querido. Además todo este sistema está pensado para durar entre seis meses y seis años, de ahí que muchos piensen que el amor no es para siempre.

Pero ¿vale menos enamorarse porque sea química? ¿Sabe peor una buena tarta de chocolate porque conozcamos sus ingredientes? Yo creo que no.

¿Y tú qué opinas?

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